10.4 Shiraz – Jarun

(20.09.1619 – 28.09.1619)


A 20 de Septienbre, á puesta de sol salió el Enbaxador de Xiras á cauallo, por hallarse del todo bueno, y no pudo pasar de Ochiar, una legua de la ciudad, adonde á la venida auia estado, por lo que se detenían las guias pidiéndole que no pasase de alli aquella noche por ser grande la jornada del dia siguiente.

A 21, con buena luna se salió de Ochiar y después de auer pasado el rio de Pasa una legua adelante, que del todo se halló seco, llegó la caravana al caravasar de la Laguna, dos oras antes de amanecer.

A 22, se caminó á puesta de sol á Zafhra, á donde auiendo llegado antes de amanecer fué alli el Enbaxador y su familia muy rregalado de fruta, mayormente de estremadas uvas, siendo las de aqui, aunque tan notables de buenas las de toda Persia, de las mejores que se podrian hallar en el mundo, de muchas formas, blancas, negras y moradas, y algunas de estraña grandeza, demás de lo qual se proveyeron todos, para dos jornadas, de la buena agua del rio Siuan, que como atrás se a dicho pasa por junto de este ameno y fresco lugar.

A 23 y 24, se hizo jornada á dos caravasares desde Zafhra, en los quales, aunque se hallaron cantidad de mantenimientos que de las aldeas circunvezinas auia hecho traer el aposentador, auia malissima agua, y padecierase trabajo si de Zafhra no se traxera prouision della.
Del vltimo caravasar de estos, poco más adelante, se aparta el camino que va á Ormu, para desde alli atrauesar el desierto hasta Gui, con el rrodeo de dos grandissimas jornadas, y del que se lleua á la ciudad de Jarum, pasando después aquella tan áspera sierra al mesmo lugar de Gui. Y aunque el Enbaxador no auia de lleuar este viage, sino el del desierto por donde auia venido, pareció á las guias que pues el rrodeo por Jarun ó Ormu era de menos de una legua, que se fuese por la ciudad porque descansase alli un dia la caravana y se proueyesen de algunos bagages que faltauan.

A 25, se salió de este carauasar con una ora de dia, y después hasta salir la luna con los hacheros y guias, por no errar el camino, y llegando á una legua de Jarun el Enbaxador salió de la litera y se puso á cauallo por estar aquella canpaña rronpida con muchos fosos y canales con que se rriegan las huertas y palmares, haziendo difícil el camino las puentezillas y malos pasos que en ellos auia.
La mesma dificultad se hallo, ó mayor, después que se llegó á la ciudad, que era un muy espeso bosque de palmas, de manera que con hazer muy clara luna no se acertaua á entrar por ella, mayormente con las muy estrechas trauiesas de las cercas de las casas y diuision de los palmares, hallándose todo tan opaco y escuro que fué menester tomar guias de aquellos moradores para acertar á lo que ellos llamavan plaza ó bazar, cerca de lo qual auia un poco de canpo desocupado de aquella espesissima arboleda, adonde paravan las caravanas. Llegó el Enbaxador, después de auer andado gran rrato, á la parte dicha, adonde le tenían una rrazonable casa, deteniéndose allí por lo que ya queda dicho, el día siguiente y el de adelante.
Y aunque no se halló más fruta que algunas uvas y melones fue tanta la cantidad y mucha variedad de dátiles frescos, siendo entonces muy cerca de su cosecha, que se tuvieron todos por bien rregalados, por ser esta fruta en Jarun de tanta excelencia y abundancia como en Bazora, Lara y Babilonia.
Este hermosissinio palmar está en un llano al pie de la fragosa sierra por donde se va á Gui, la qual atraviesan los que van y vienen de Xiras á Lara caminando á pie ó á cauallo, porque las caravanas rrodean por el desierto casi veinte leguas, no pudiendo caminar camellos por la dicha sierra, como ya queda dicho.
Y aunque este aduar, mas propiamente que ciudad cae ya dentro de los limites de la particular y antigua Persia, se mete un girón de tierra rrodeando por algunas leguas la dicha sierra desde lo más septentrional del reyno de Lara, que es conocida porcion de Arabia, criando este fertilissimo palmar, el qual tiene una gran legua de largo y media de ancho, con gran cantidad de pozos de muy buen agua. Todo el bosque, que es de notable espesura, está diuidido con sus cercas altas de tapias de dos y tres estados, sigun la cantidad de los vezinos, que conforme se dezia eran más de mil, poseyendo cada uno su corral ó cercado, mayor ó menor sigun la posibilidad de cada uno, teniendo el que menos veinte palmas, y de ay arriba hasta sesenta ó setenta, y dentro de cada cercado su casa, de las mesmas tapias, y algunas grandes y de rrazonables aposentos, con uno ó dos pozos en cada cercado.
Pero lo que era de mayor consideración era la grandeza y mucha altura de las palmas generalmente, de manera que las mas igualauan á las muy altas torres de Europa, y en lo alto tanta hermosura y espesura de rramas que ponían grande admiración poder sustentar tan gran peso no siendo los pies á proporción de su altura tan gruesos, especialmeníe siendo este peso mayor con los muchos y grandes rrazimos de los dátiles ó támaras. Sigun la grandeza de cada palma y su fecundidad, ansi eran el número de los rrazimos y grosedad dellos, teniendo á quinze y veinte y hasta cinquenta y más cada arbol, y por ver la cantidad que tendria cada rrazimo mandó el Enbaxador cortar á un árabe uno de una de las menores palmas que auia en el corral de su posada, que pesó después treinta libras, auíendo otros muchos de más de sesenta, sigun dezian los mesmos moradores. Los mayores de estos dátiles eran como aquellos muy alabados que el Enbaxador halló en Lara quando vino, y otros de la mesma grandeza, morados, y oíros del todo negros, pero de admirable gusto, siendo mayor la admiración de ver tan diuersas especies de la fruta, unos más largos, y oíros más y menos rredondos, y vnos muv singulares y no vistos hasta entonces, muy pequeños y rredondos, del tamaño de guindas, tan delicados y sabrosos que excedían á todos los demás. La abundancia, grandeza y suma fertilidad de estas palmas provenia primero de la particular fecundidad de su sitio y del beneficio de sus moradores, rregandolos muy de ordinario con la abundancia y bondad del agua y con tener el demás cuydado que para tales arboles se rrequiere, siendo esta la hazienda con que estos pobres árabes biuen.
Quien viera esta ciudad, aun después de auer entrado en ella, no merecía tal nonbre, ni de un pequeño lugar poblado, no auiendo calles ni forma de población, sino estas diuisiones de palmares, pareciendo cada corral con su casa una pequeña alquería ó casa de canpo, esparzidas estas moradas, que como se a dicho serian hasta mil, por toda la distancia de bosque en espacio de más de una legua de largo y la mitad de ancho. Sus moradores son pobres, no teniendo otra vida ni grangeria sino de las pocas palmas que cada uno posee, y aunque comunmente vsan de la lengua persiana, le[s] es la árabe mas propia y natural, y ansi honbres y mugeres se precian mas de ser de esta nacion, vsando el mesmo trage que los de los aduares del reyno de Lara, que como ya se a dicho es parte de la antigua Carmania la desierta.
Vieronse aqui mas ciegos, honbres, mugeres y muchachos que en toda la Persia, haziendose cuenta de los lugares de que en este viage se tuuo noticia, y aunque común y vulgarmente se atribuye esto á las muchas moscas, molestissimas en sumo grado mas que en ninguna parte del mundo, es mas verisimil causa la malicia y grauedad del aire, con alguna particular qualidad, porque esparziendose por lo alto las muchas y grandes rramas de las palmas de manera que por la mayor parte se tocan vnas con otras, dexan muy sonbrio y cerrado el anbiente inferior, inficionándolo tanbien el olor de los muchos dátiles y los excrementos dellos, particularmente en el tienpo y cerca de su cosecha. Y aunque esto sea ansi, con rrazon se atribuye el auer tantos ciegos á la multitud y mas que inportuna plaga de las moscas, no pudiéndose defender dellas los dos dias que aqui se detuuo el Enbaxador, picando en los ojos, labrios y ventanas de narizes, sin poderlas apartar con auanos ni otra cosa alguna, siendo entonces mas pesadas por estar ya las támaras en su sazón, de la manera, aunque no en tanto grado, como quando en España en los lagares se pisa y saca el mosto de las uvas.
Halláronse entre algunas palmas, y mayormente en aquel poco canpo en que se dixo paravan las caravanas, algunos arboles de espinos de aquellos que se hallaron en el reyno de Lara, sino que estos de Jarun, por rregarse como á las palmas, son mucho menos espinosos, y con el vició del agua, aunque de naturaleza tan villanos y ásperos, de mayor hoja, mas verde y mas espesa que los otros. Los unos y los otros produzen una frutilla como azofeyfas, y quando está pequeña y por madurar es verde, y comida tiene un agrio apazible notablemente al gusto, y ansi es tenida por cordial y seria conocido antidoto para febres malignas, pero quando maduras, que tienen el color y grandeza de las mesmas azofeyfas, es dulce y casi del mesmo gusto. Estas de Jaran, por ser rregados los arboles son mayores que las que se crian en el yermo y particularmente en los espinos que ay en la isla de Ormuz, cuyas manganillas ó aparentes agofeyfas se venden comunmente en sus bazares todo el invierno, trayéndose tanbien en mucha quantidad, ansi de la tierra firme del Bandel y Mogostan, como de las islas de Queyxome y Lareca.

A 26, con media ora de sol se salió de Jarun, hallándose por espacio de media legua, después de auer salido fuera de aquel bosque, muchas tropas de mugeres y muchachos que auian salido á pedir, mostrando bien en su desnudez su mucha necesidad, á todos los quales mandó el Enbaxador repartir dinero.
Con una ora de noche se dexó Hormu á la mano izquierda cerca del camino y se pasó á hazer jornada al desierto, no lexos de la fuente adonde se auia parado á la venida, en la mesma mansión y adonde antes las tiendas auian estado, y aunque aqui se tuuo muy buen agua y mucha juncia y cañizos verdes de aquel arroyuelo, con que se junco el sitio de las tiendas, se padecio todo el dia siguiente grandissimo calor. Mandó el Enbaxador que desde allí, pues auia tan buena comodidad, todos se proveyesen de agua, auiendose de parar la otra jornada adelante en el desierto, adonde no auia siguridad de hallarse, por temerse, conforme á la sequedad de aquel año, que aquellos rruines pozos podrían estar secos.

A 27, partió de aquí la caravana poco delante del Enbaxador, lleuando guias de Jarun, á la ora del dia de antes, y después de auer caminado la mayor parte de la noche se llegó adonde los que guiauan dezian que era la parte adonde ordinariamente parauan las caravanas, señalando un pozo que alli auia aunque sin agua. Y como este no paresciese el sitio en que á la venida se estuuo, comenzaron por aquel yermo á buscar si hallauan otro pozo, corriendo muchos á una parte y á otra, sin acertar las guias y algunos camelleros que sabian aquel viage, muy turbados y sin tino, aunque con luna muy clara, á dar con el pozo que querían, y ansi fue menester parar el Enbaxador después de auer andado otro gran trecho, auiendo venido con cuydado por no auer hallado aduares de turcomanes después que entró en el desierto, señal euidente de no auer entonces agua en él.
Llegó en esta sazón un criado del Enbaxador y otros con él muy contentos, diziendo que auian ya hallado el pozo ordinario de las carauanas, y que sabian cierto, aunque muy hondo, que tenia agua, porque auiendo lanzado piedras dentro mostravan, sigun el rruido, que la auia. Con esto, aunque poco satisfecho el Enbaxador de la rrelacion que le dauan, hallándose cansado mandó alli poner las tiendas, pareciendole que después de auer amanecido se hallaría mejor rrecado; pero apenas auia rreposado una ora quando luego que fue de dia llego muy turbado otro criado diziendole como auiendo hallado al pozo un árabe de los que venían con los cauallos no halló en él mas agua de la con que se pudieron henchir dos ó tres calderos, y esa muy mala, y que ningún otro pozo se auia hallado, siendo aquel el gasajo común y sabido de las caravanas.
Visto por el Enbaxador que el tienpo no daua lugar á mas tardanza mandó que luego todos sus criados, con los cauallos que traían, caminasen para Gin, quedándose con él tres ó quatro para que le siruiesen auiendose hallado una poca de pestilencial agua allí cerca en un charquillo, para los camellos y jumentos, bastando para beuer los camelleros y demás bagageros, aunque con mucha limitacion, un odre de agua y dos cantaros de cobre grandes que el Enbaxador traia para si. Porque auiendo hecho la noche antes grandissimo calor, no solo beuieron el agua que cada uno traia, sino tanbien uno de los odres grandes que venian en un camello, creciéndoles la sed notablemente con la congoxa y miedo de no hallar agua. Caminaron al punto todos los demás con los aposentadores persianos, no lleuando camino derecho, sino atravesando una muy áspera sierra fuera de camino, por donde ganavan casi la mitad de la jornada, ayudándoles un poco de viento sin el qual no fuera posible llegar biuos.

La gente de seruicio y camelleros que quedaron con el Enbaxador se alentaron y pasaron con aquella poca agua, y porque la jornada era de grandes ocho leguas y se auia de caminar al paso de la carauana salió el Enbaxador deste solissimo yermo con mas de tres oras de sol, dexando los montes á la mano derecha y caminando por un grande llano de mas de quatro leguas en que solo se via verde algunos de los arboles de espinas, lleuando media legua delante y á vista la carauana, aviendose comenzado esta jornada a 28 de Septienbre.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo IX, pp. 429 – 437)

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